Has conseguido que las rosas se marchiten mientras brotaban. Has dado en el clavo martilleando inquietud fingida sobre promesas rotas. Has donado tu alma al mejor impostor en los escenarios que ahora son patíbulos de mi corazón decapitado. Has escupido al cielo que abrí desierto de rayos y centellas con la pereza de quien cree que la fortuna asalta. Has depositado en mis espaldas el yunque de los sacrificios para que me inmole en la soga que tiene vicio de mi cuello, ya pasado por ella entre las ejecuciones de mis actos capitaneados por le deseo de la verdad. Has gastado de mi peculio sabiéndome preso de ti. Y por eso, mi vida, hoy mía, mi vida, ya no somos dos salvo argollas que luzcan vacías de presa.
« resurección | Inicio | gong »
« resurección | Inicio | gong »

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados